Es un hecho constatable la proliferación del sacerdote, casi siempre joven, en las redes sociales. Se afirma, a modo de justificación, que internet es un "continente" (Munilla dixit) en el que la acción evangelizadora debe estar presente. En este sentido, es admirable el trabajo del obispo Barron, a través de su instituto secular Word on Fire, en la difusión prudente de contenidos católicos de una calidad contrastada.
Pero aquí hablamos de otro tipo de "presencia", supuestamente centrada en la acción pastoral juvenil, y organizada en torno a vídeos y "ganchos narrativos" en los que se cultiva la novedad, la informalidad, la constante autorrevelación y una impúdica intimidad con el público. Es el cura metido a "influencer".
Uno cree (mientras pueda) que el sacerdocio católico debería exigir la práctica de unas virtudes opuestas a los usos referidos; es decir, la reserva, la autoridad paternal, la claridad doctrinal, y una vida que se desvanece en el altar. Quizás hoy sea mucho pedir.
Oremus.


