El silencio es el clima que hace posible la profundidad del pensamiento. El mucho hablar disipa el corazón, y éste pierde cuanto de valioso guarda en su interior; es entonces como un frasco de esencia que, por estar destapado, pierde el perfume, quedando en el sólo el agua y apenas un tenue aroma que recuerda el precioso contenido que alguna vez tuvo. La suma de ese doble silencio, interior y exterior, está expresada en un vocablo muy utilizado en los libros espirituales, el del "recogimiento". Sin recogimiento no hay vida interior.
La vida interior tamiza y encauza los acontecimientos exteriores, extrayendo de ellos el mensaje que Dios comunica y por el cual adquieren su sentido trascendente.
Federico Suárez: "La Virgen, Nuestra Señora", cuarta ed., 1961.