7/3/26

La crisis antropológica posmoderna

La presión de lo social y lo nuevo ha dado lugar a un sujeto hiperestimulado y, como consecuencia, analfabeto afectivo por su carencia de interioridad. Aunque hayan aumentado el grado de bienestar y la calidad de los servicios, es innegable que se ha producido una crisis antropológica posmoderna, que se manifiesta en personalidades ansiosas, heridas afectivas profundas, soledad, patologías psíquicas y, por desgracia, una tasa de suicidios en personas jóvenes desconocida en otras épocas históricas. La cultura del éxito ha degenerado en una relación desordenada con el trabajo y en permanente competencia con los iguales. Encontramos a un sujeto emotivista, desarraigado y sin valores ni tradiciones que sirvan de referencia a su orientación personal, con una pretensión de libertad incondicionada que le ha llevado a no poder establecer vínculos personales perdurables. De fondo, un sujeto individualista y carente de sentido biográfico de la propia existencia.
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La falta de interioridad [...] hace que incluso esa distinción entre el hacer el bien y el ser bueno no esté tan clara. El sujeto posmoderno tiende a identificar lo uno con lo otro, porque no tiene un criterio de bondad radical y porque considera bueno lo que es fruto de su elección, por el hecho de serlo. Ese buenismo tiene como consecuencia la elevación de las emociones a la categoría de autoridad moral. Es decir, da por bueno todo lo que le hace a uno sentirse bien, y mejor cuanto más intensamente. Dicho con otras palabras, la consecuencia del buenismo es el emotivismo.
José Fernández Castiella: "Hijos frágiles de un Dios vulnerable", 2025.