17/3/26

Aceptemos que somos "cargas"

La maternidad no es un "estilo de vida": es el medio por el cual se crean nuevos seres humanos. Sólo a través de las mujeres que se convierten en madres es posible la sociedad. La maternidad no puede asimilarse a estudiar un máster o entrenar para una maratón. No es una mera aspiración personal, dirigida a la autorrealización, que puede conllevar ciertos sacrificios personales.

Para la antropología cristiana, las personas lo somos en relación. En relación con Dios, con los demás, y con el resto de la Creación.  Bajo esta cosmovisión, la maternidad posee una importante dimensión social que nos afecta a todos. De hecho, la comunidad estará siempre en deuda con las madres, ya que depende orgánicamente de ellas. Por eso las mujeres, en este periodo en el que son especialmente vulnerables, deben ser apoyadas y especialmente protegidas.

Lamentablemente, la maternidad hoy en día no es respetada. En el mundo laboral es vista como una elección personal que supone inevitablemente un freno a la carrera profesional de las mujeres. Personalmente, en ocasiones es vista como una elección que conlleva fuertes restricciones en la sacrosanta libertad personal. Puede ser vista como una "carga", incluso. Algo a evitar.

No creo que, en el mundo post-cristiano que habitamos, sean la bondad o la compasión las actitudes cristianas más debilitadas.  Quizás lo sea el reconocimiento de que ser humano implica ser una "carga". Hoy, ser una "carga" es algo intolerable. La aceptación social del aborto, el crecimiento imparable del suicidio, o la demanda creciente del derecho al suicido asistido (para dejar de ser una "carga") así lo atestiguan.

Sólo podrá restaurarse una cultura verdaderamente cristiana en el mundo si los padres enseñamos a nuestros hijos que no hay nada malo en ser una "carga". Estamos llamados al cuidado mutuo desde el amor. Algo difícil y exigente. Como ser cristiano.