La tesis de esta obra es que, como civilización, hemos de suscribir un nuevo contrato social. Causa esta necesidad la proliferación de inteligencias artificiales. Personalmente, creo que quizá sí sea necesario un nuevo contrato social, pero no a causa de la IA. La incertidumbre y angustia con las que se vive en las sociedades occidentales actuales no tiene mucho que ver con la IA; tiene que ver con la crisis del modelo social emanado del consenso de la posguerra (1945). Un consenso que se construye sobre una antropología defectuosa, heredada de la Ilustración, que considera al individuo como soberano absoluto, libre de actuar en un marco autorreferencial, pero en el fondo esclavo consumidor de bienes, experiencias y emociones, incapaz de concebir un bien común desde el que proponer un nuevo "sistema operativo" social.
Mi impresión es que la IA sólo va a radicalizar esta visión antropológica (de hecho, ya lo está haciendo). Por eso me parece absolutamente naif creer que la solución a este drama va a ser tecnológica, cuando la tecnología ha resultado ser amplificadora de esta cosmovisión individualista, antisocial y depredadora.
Hay una palabra que aparece sólo una vez (p. 37) en toda la obra. Me refiero a la palabra "dignidad". ¿No resulta significativo que una discusión sobre el futuro social del hombre eluda por completo un debate sobre la dignidad humana?
Por favor, lean "Magnifica humanitas", de León XIV. Es bastante más instructivo. Y, desde luego, mucho más realista en sus planteamientos.