Siempre que leo este tipo de artículo pienso lo mismo: Tenemos una conversación pendiente desde la Ilustración, la que gira alrededor de estas dos preguntas: ¿qué somos?, ¿qué nos define? Por eso la IA, con su gran poder imitativo de nuestras "funcionalidades", nos descoloca, y nos hace sentirnos amenazados. Creemos, en el fondo, que somos lo que somos capaces de hacer.
Es verosímil que la IA cause estragos, pero su acción está estrictamente limitada a infraestructuras conectadas. Quizás sea el momento de darnos cuenta de que la "prometedora" dinámica hiperconexionista en la que estamos sumidos, y que en su paroxismo ha llegado al llamado "internet de las cosas" (IoT), no haya sido una buena idea después de todo.
A los Amish la IA no les preocupa. No sólo por no estar conectados, sino porque saben contestarse a las dos preguntas anteriores. Saben que lo que les define es la comunidad, y han sabido discernir que conexión no es lo mismo que comunión.