Empiezo a creer que la Iglesia ha asumido ad intra una patología propia del mundo contemporáneo: considerarse a sí misma como si fuera una especie de corporación filantrópica multinacional que debe ser gestionada según las últimas modas en la teoría de la gestión empresarial. Así, predominan en el "relato" palabras como escucha, inclusión, acompañamiento, ecología, dignidad, diálogo, no discriminación, etc. Algunas de estas palabras pueden usarse en un sentido católico. Pero lo preocupante es que suelen emplearse como sustitutos de la misión sobrenatural de la Iglesia. ¿No es lamentable?